EXPOSICIONES

Exposición de Rodin y Giacometti en Sala Recoletos de Fundación Mapfre

Auguste Rodin (1840-1917) y Alberto Giacometti (1901-1966) no llegaron a conocerse; de hecho, ya habían pasado cinco años de la muerte de Rodin cuando Giacometti llega en 1922 a París. Sin embargo, a través de sus trayectorias artísticas somos testigos de un interesante diálogo entre ellos, un diálogo que revela numerosos puntos en común, entreverados de las diferencias inevitables en las obras de dos creadores tan libres a los que separa más de una generación.

«El hombre que camino» de Giacometti

Ésta es, pues, una exposición sobre un maestro de la escultura moderna, Rodin, y sobre la huella y la posible continuidad de su obra en la de otro artista clave del siglo XX, Alberto Giacometti. Una conexión que queda patente ya en la elección de sus áreas de expresión: el suizo cultivó la escultura y la pintura, y fue también un experto dibujante, práctica, esta última, que comparte con Rodin.

A pesar de haber desarrollado buena parte de su carrera en el siglo XIX, Rodin se inscribe plenamente en el panorama de la escultura moderna. Mediante la expresividad de sus obras, el uso para conseguirla de técnicas como la deformación, o el gusto por el modelado y el fragmento, logra plasmar sentimientos universales, distanciándose del propósito de la escultura conmemorativa y monumental que prevalecía hasta el momento.

Esculturas de Rodin

No obstante, durante las vanguardias fueron muchos los escultores que se centraron en desarrollar su propio lenguaje, alejado del de Rodin, al que consideraban demasiado tradicional. Giacometti, aunque admiró al maestro francés desde temprana edad, también dirigió la mirada a artistas contemporáneos como Zadkine, Lipchitz o Laurens. Trasese breve periodo neocubista, el creador suizo se unió a las filas del surrealismo. Sin embargo, a partir de 1935, y sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, la figura humana volvió a ocupar el centro de su trabajo.

Giacometti

Giacometti recoge muchas de las características de la escultura del gran artista francés. Al interés compartido por el fragmento, el modelado y el trabajo de la materia, se suman la incorporación al proceso creativo del accidente o el uso del pedestal para jugar con la cercanía/lejanía de la figura respecto del espectador.

Rodin

A través de cerca de doscientas obras, Rodin-Giacometti muestra cómo ambos creadores hallaron, en sus respectivas épocas, modos de aproximarse a la figura que reflejaban una visión nueva, personal pero engarzada en su tiempo: en Rodin el del mundo anterior a la Gran Guerra; en Giacometti, el de entreguerras y el inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Más allá de algunos aspectos puramente formales que comparten ambos artistas, como pueden ser el uso de la materia y la acentuación del modelado, la preocupación por el pedestal y el gusto por el fragmento o la deformación, el diálogo que se establece entre ellos va mucho más allá. Rodin es uno de los primeros escultores considerado moderno por su capacidad para reflejar -primero a través de la expresividad del rostro y el gesto, con el paso de los años centrándose en lo esencial-, conceptos universales como angustia, dolor, inquietud, miedo o ira; también es este uno de los rasgos fundamentales de la obra de Giacometti: sus obras posteriores a la guerra, esas figuras alargadas y frágiles, inmóviles, a las que Jean Genet denominaba “los guardianes de los muertos” expresan, despojándose de lo accesorio, toda la complejidad de la existencia humana.

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